"En un lugar no muy lejano, sino cercano hay una Wawaqutu, que teje historias con palabras fértiles, con pulsiones suaves. Un remedio capaz de reparar y recuperar cualquier ilusión perdida. Prepárate para descubrir lo inesperado en tu corazón. Presta atención y escucha con el oído del alma… Había una vez...”

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA ONDINA DEL ESTANQUE



Había en cierto tiempo un molinero que vivía feliz con su mujer: tenían dinero y bienes y su propiedad aumentaba de año en año, pero la desgracia, dice el proverbio, viene durante la noche; su fortuna disminuyó de año en año, lo mismo que se había aumentado, y por último el molinero apenas podía llamar suyo el molino en que habitaba. Hallábase muy afligido, y cuando se acostaba por la noche terminado su trabajo, apenas podía descansar, pues sus penas le hacían dar vueltas en la cama. Una mañana se levantó antes de la aurora y salió para tomar el aire, imaginando que sentía algún alivio en su pesar. Cuando pasaba cerca de la escalera del molino, comenzaba a apuntar el primer rayo del sol y oyó un ligero ruido en el estanque. Se volvió y distinguió a una mujer muy hermosa, que se elevaba lentamente en medio del agua; sus largos cabellos, que había echado con sus delicadas manos sobre sus espaldas, descendían por ambos lados y cubrían su cuerpo blanco y brillante como la nieve. No tardó en conocer que era la ondina del estanque, e ignoraba en su terror si debía quedarse o huir de allí, pero la ondina dejó oír su dulce voz, le llamó por su nombre y le preguntó por qué estaba tan triste. El molinero permaneció como mudo en un principio, pero oyéndola hablar con tanta gracia, se animó y le refirió que anteriormente había vivido feliz y rico, y que ahora se había quedado tan pobre que ignoraba qué hacerse.

-No tengas cuidado, contestó la ondina; yo te haré más feliz y dichoso de lo que nunca has sido; mas es preciso que me prometas darme lo que acaba de nacer en tu casa.

-Sin duda será algún perro o algún gato, pensó para sí el molinero y la prometió lo que la pedía.

La ondina se sumergió en el agua y él volvió corriendo, consolado y alegre, a su molino; aún no había llegado cuando salió la criada de la casa y le dijo que se regocijase, pues su mujer acababa de dar a luz un niño. Quedó el molinero como herido de un rayo, comprendiendo entonces que la maliciosa ondina sabía lo que pasaba y le había engañado. Acercose al lecho de su mujer con la cabeza baja, y cuando le preguntó.

-¿Por qué no te alegras por el nacimiento de nuestro nuevo hijo?

La refirió lo que le había sucedido y la promesa que había hecho a la ondina.

-¿De qué me sirve la prosperidad y las riquezas, añadió, si debo perder a mi hijo?

Mas ¿qué había de hacer?, sus mismos parientes cuando fueron a felicitarle, no le pudieron dar remedio ninguno.

La fortuna volvió sin embargo a la casa del molinero; cuanto emprendía le salía siempre bien, parecía que los baúles y cofres se llenaban por sí mismos y que el dinero se multiplicaba en sus armarios durante la noche; trascurrido algún tiempo, era mucho más rico que antes. Pero no podía gozar de su felicidad pues la promesa que había hecho a la ondina destrozaba su corazón. Siempre que pasaba cerca del estanque temía verla subir a la superficie y recordarle su deuda. No dejaba al niño acercarse al agua.

-Ten cuidado, le decía, si te acercas alguna vez ahí, saldrá una mano que te cogerá y te arrastrará al fondo.

Sin embargo como los años pasaban uno tras otro, y la ondina no parecía, comenzó a tranquilizarse el molinero.

El niño creció y llegó a hombre y le colocaron en casa de un cazador, en cuanto aprendió a cazar y supo bien la profesión, le recibió a su servicio el señor de la aldea, donde había una hermosa y honrada joven que agradó al cazador, y cuando lo supo su amo, le regaló una casita, donde vivieron felices y tranquilos amándose de todo corazón.

El cazador perseguía un día un corzo; el animal salió del bosque a la llanura, y él le siguió matándole de un tiro. No había notado que se hallaba cerca del peligroso estanque, y en cuanto cogió su presa fue a lavarse las manos llenas de sangre. Pero apenas las había metido en el agua, cuando salió la ondina del fondo, le enlazó sonriendo en sus húmedos brazos, y le arrastró tras sí con tal prontitud, que la ola le cubrió enteramente al cerrarse.

Cuando entrada la noche el cazador no volvía a su casa, su mujer sintió grande inquietud; salió a buscarle y como la había referido algunas veces que tenía que guardarse de las emboscadas de la ondina y que no se atrevía a aventurarse en las cercanías del estanque, sospechó lo que había sucedido. Corrió al estanque, y cuando vio la escopeta a la orilla no dudó ya de su desgracia: llamó a su marido por su nombre, lamentándose y retorciéndose las manos, pero todo fue en vano; corrió al otro lado del estanque, dirigió a la ondina las injurias más violentas, mas no sintió respuesta alguna. El agua continuaba tranquila y la luna casi llena la miraba sin hacer el menor movimiento.

La pobre mujer no se separaba del estanque; con precipitados pasos y sin descansar daba vueltas a su alrededor, callando unas veces, dando gritos otras y murmurando algunas en voz baja. Faltáronle al fin las fuerzas, se sentó en el suelo y cayó en un profundo letargo; bien pronto comenzó a soñar.

Parecíala subir con la mayor inquietud por entre dos masas de rocas; las espinas y las piedras herían sus pies; la luna bañaba su rostro y el viento agitaba sus largos cabellos. Cuando llegó a la cumbre de la montaña, todo cambió de aspecto. El cielo era azul, el aire suave, la tierra descendía en suave pendiente, y en medio de un verde prado, esmaltado todo de flores, vio una bonita cabaña; se acercó a ella y abrió la puerta; en el interior se hallaba sentada una anciana de cabellos blancos, que la hizo una seña con la mayor amabilidad. La pobre mujer despertó en el mismo instante. Era ya de día y decidió poner en seguida en práctica, lo que su sueño la había aconsejado. Subió la montaña con gran trabajo y encontró todo lo que había visto la noche anterior; la vieja la recibió con mucha bondad y la indicó una silla donde sentarse.

-Sin duda has tenido alguna desgracia, la dijo, cuando vienes a visitar mi solitaria cabaña.

La mujer la refirió llorando lo que la había pasado.

-Consuélate, dijo, yo te socorreré. Toma ese peine de oro; espera hasta que llegue la luna llena, entonces vas a la orilla del estanque, te sientas y pasas el peine por tus largos cabellos negros. Cuando hayas concluido, le pones allí al lado y ya verás lo que sucede.

Volvió la mujer a su casa, pero transcurrió mucho tiempo antes de llegar la luna llena; al fin brilló en el cielo el redondo disco; fue entonces a la orilla del estanque, se sentó y pasó el peine de oro por sus largos cabellos negros, y cuando hubo concluido se sentó junto al agua. Poco después comenzó a moverse el fondo, se levantó una ola, rodó hacia la orilla y se llevó el peine. Aún no habría podido tocar al fondo cuando se abrió el espejo del agua y subió a la superficie la cabeza del cazador; no habló, pero dirigió a su mujer una mirada llena de tristeza. En el mismo instante se levantó con grande ruido una segunda ola y cubrió la cabeza del cazador. Todo desapareció en seguida, el estanque quedó tranquilo como anteriormente y la faz de la luna volvió a brillar en él.

La mujer se marchó desesperada, pero se la apareció en sueños la cabaña de la vieja; a la mañana siguiente se puso en camino y contó su pena a la buena hada. La vieja la dio una flauta de oro y la dijo:

-Espera hasta la luna llena; entonces, coges esta flauta, te pones a la orilla del estanque, tocas un rato y cuando hayas concluido la dejas en la arena, y verás lo que sucede.

La mujer hizo lo que la había dicho la vieja. Apenas había dejado la flauta en la arena, comenzó a moverse el fondo del agua, se levantó una ola, se adelantó hacia la orilla y se llevó la flauta. Poco después se entreabrió el agua, y no solo subió a la superficie la cabeza del cazador, sino todo él hasta la mitad de su cuerpo.

Extendió sus brazos hacia ella con ardoroso amor, pero vino una segunda ola con grande estrépito, le cubrió y le arrastró al fondo.

-¡Ah!, dijo la desgraciada mujer, ¿de qué me sirve ver a mi amado para perderle enseguida?

Llenose de nuevo su corazón de tristeza, pero un sueño la indicó por tercera vez la cabaña de la anciana. Se puso en camino y el hada la dio una rueca de oro, la consoló y la dijo:

-Todavía hay esperanza: aguarda hasta que llegue la luna llena; entonces tomas la rueca, te colocas en la orilla e hilas hasta que hayas llenado el uso; cuando concluyas coloca la rueca junto al agua y verás lo que sucede.

La mujer siguió el consejo punto por punto: en cuanto llegó la luna llena, llevó la rueca de oro orilla del agua e hiló con la mayor actividad hasta que hubo concluido todo, su lino y el hilo llenó el huso.

Apenas dejó la rueca junto a la orilla, se removió el fondo del agua con más violencia que nunca, se adelantó una ola y se llevó la rueca.

Enseguida subió a la superficie la cabeza y todo el cuerpo del cazador, saltó en un instante a la orilla, tomó a su mujer de la mano y echaron a correr, pero apenas habían dado algunos pasos, cuando se levantó toda el agua del estanque formando solo una ola y se extendió por la llanura con una violencia irresistible.

Los dos fugitivos veían ya la muerte delante de sus ojos, cuando la mujer, con angustia, llamó a la vieja en su corazón, y en un momento fueron convertidos ella en sapo y él en rana.

La ola que los había alcanzado no pudo acabar con ellos, pero los separó y los llevó muy lejos el uno del otro. Cuando se retiró el agua y pusieron el pie en un terreno seco, volvieron a tomar su forma humana, pero ninguno de los dos sabía lo que había sucedido al otro, se hallaban entre hombres extraños que no conocían su país; los separaban altas montañas y profundos valles. Los dos se vieron obligados a guardar ovejas para ganar el sustento y durante muchos años condujeron su ganado por los bosques y los campos, llenos de tristeza y de pesar.

En una ocasión, cuando comenzaban a brotar las flores de la primavera, salieron los dos con un rebaño en el mismo día y la casualidad quiso que marchasen al encuentro el uno del otro. El marido distinguió la pendiente de una montaña y dirigió hacia ella sus ovejas: llegaron juntos al valle, pero no se conocieron y sin embargo se alegraron de no estar solos. Desde entonces llevaron todos los días sus ganados a pacer juntos; no se hablaban, pero sentían un consuelo desconocido a sus almas.

Una noche cuando la luna brillaba en el cielo y descansaban ya las ovejas, sacó el pastor la flauta de su zurrón y tocó una sonata muy melodiosa, pero también muy triste; cuando acabó vio que la pastora lloraba amargamente.

-¿Por qué lloras?, la preguntó.

-¡Ah!, contestó; así brillaba la luna cuando toqué por última vez esa sonata en la flauta y apareció en la superficie del agua la cabeza de mi amado.

La miró entonces el pastor, y le pareció que caía un velo de sus ojos, pues reconoció a su amada mujer, y mirándole a la luz de la luna que daba en su rostro, le reconoció ella a su vez. Arrojándose en los brazos uno del otro, se abrazaron, y no se pregunta si fueron dichosos.

Cuento recopilado por los hermanos Grimm

martes, 16 de noviembre de 2010

LA CARTA DE GRAN JEFE SIOUX


En 1854, Franklin Pierce, Presidente de los Estados Unidos de América, envió una oferta de compra al Jefe de Seattle, perteneciente a la tribu de los Suwamish. La intención era comprar los territorios del noroeste de los Estados Unidos, a cambio le ofrecía crear una reserva para el pueblo indio. Este Ilustre jefe Sioux, respondió con una carta llena de belleza y sabiduría.

Jefe de los Caras Pálidas:

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?, esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jámas se olvidan de esta bella tierra, somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; elciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco manda decir que decea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros asi diga que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos pero eso no será facil, esta tirra es sagrada para nosotros. esta agua brillante que escurre por los riachuelos y corre por los rios no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados, si les vendemos la tirra, ustedes deberán recordar que es sagrada, y deben enseñar a sus hijos que cada reflejo sobre las aguas limapias de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los rios es la voz de mis antepasados

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras,ustedes deben recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, deberan tratarlos con la bondad que tratarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Una porción de tierra para él tiene el mismo significado que cualquier otra; pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra lo que necesita. la tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello quesería de sus hijos y no le importa.

El hombre blanco olvida la sepultura de su padre. trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que pueden ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra y dejará atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo. Tal vez el hombre piel roja es un salvaje yno comprenda. Nuestras costumbres son diferentes de las de ustedes.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera, o el batir las alas de un insecto. ¿Que resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de unave o el croar nocturno de las ranas al rededor de un lago?.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre - todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, el debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.Por lo tanto, vamos a meditar sobre su oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar.

Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo como es que el caballo humeante de fierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales?. Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales, en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. la tierra no pertenece al hombre; es el hombre quien pertence a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; el es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo. Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común.

Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios. ustedes pueden pensar que lo poseen como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible. Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre blanco.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja. Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Que han sucedido con las plantas? Están destruidas.

¿Que ha sucedido con el águila? Ha desaparecido.

De hoy en adelante, la vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Rabotity

Un cuento de Madagascar

Rabotity se encaramó en un árbol, pero la rama estaba podrida. Se cayó y se lastimó la pierna.
Rabotity dijo: -El árbol ha roto la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el árbol.
-Yo soy fuerte -dijo el Árbol- mas el viento me azota y me troncha.

Rabotity dijo: -El viento azota y troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el viento.
-Yo soy fuerte -dijo el Viento- mas donde el muro se levanta, yo no puedo pasar.
Rabotity dijo: -El muro pone freno a los vientos; los vientos tronchan el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el muro.

-Yo soy fuerte -dijo el Muro- mas el ratón roe el cemento y abre en él un boquete.
Rabotity dijo: -El ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el ratón.
-Yo soy fuerte -dijo el Ratón- mas el gato me come.

Rabotity dijo: -El gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el gato.
-Yo soy fuerte -dijo el Gato- mas la cuerda me estrangula.

Rabotity dijo: -La cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que la cuerda.
-Yo soy fuerte -dijo la Cuerda- mas el cuchillo me corta.
Rabotity dijo: -El cuchillo corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el cuchillo.

-Yo soy fuerte -dijo el Cuchillo- mas el fuego me funde.
Rabotity dijo: -El fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el fuego.
-Yo soy fuerte -dijo el Fuego-; mas el agua me extingue.
Rabotity dijo: -El agua extingue el fuego; el fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el agua.
-Yo soy fuerte -dijo el Agua- mas los navíos flotan sobre mi espalda.
Rabotity dijo: -El navío flota sobre el agua; el agua extingue el fuego; el fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el navío.
-Yo soy fuerte -dijo el Navío- mas al dar contra las rocas me estrello.
Rabotity dijo: -Contra las rocas se estrella el navío; el navío flota sobre el agua; el agua extingue el fuego; el fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que la roca.
-Yo soy fuerte -dijo la Roca- mas el cangrejo anida en mí.
Rabotity dijo: -El cangrejo anida en la roca; contra la roca se estrella el navío; el navío flota sobre el agua; el agua extingue el fuego; el fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el cangrejo.
-Yo soy fuerte -dijo el Cangrejo- mas el hombre me caza y arranca las patas.
Rabotity dijo: -El hombre caza al cangrejo; el cangrejo anida en la roca; contra la roca se estrella el navío; el navío flota sobre el agua; el agua extingue el fuego; el fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity; nada hay más fuerte que el hombre.
-Yo soy fuerte -dijo el Hombre; mas Zanahary, el dios de Madagascar, me envía la muerte.
Rabotity dijo: -Zanahary envía la muerte al hombre; el hombre caza al cangrejo; el cangrejo anida en la roca; contra la roca se estrella el navío; el navío flota en el agua; el agua extingue el fuego; el fuego funde el acero; el acero corta la cuerda; la cuerda estrangula al gato; el gato se come al ratón; el ratón desportilla el muro; el muro contiene los vientos; el viento troncha el árbol; el árbol rompe la pierna de Rabotity;
NADA HAY MÁS PODEROSO Y FUERTE QUE ZANAHARY

Disfruten de más cuentos africanos en: http://www.cuentosafricanos.com/index.php

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA PARABOLA DE LA MANTIS


Cortometraje de Josh Staub, que ha recibido muchos premios y elogios por su carácter reflexivo, ha sido proyectado en más de setenta festivales y ha ganado muchos premios. El corto trata de una mantis que al ver a una oruga atrapada en un frasco por un captor que quiere experimentar con ella, en vez de salvarla, le advirte que si la salva se la va comer, dándole entender que su destino es morir. Sin darse cuenta ella es atrapada por mismos captor que deja a la oruga libre y pone a la mantis en su lugar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

LAS HADAS O DIAMANTES, PERLAS Y SAPOS

Versión de Charles Perrault.

Érase una vez una mujer que tenía dos hijas. La hija mayor era muy parecida a la madre en el semblante y los modales. Ambas eran tan antipáticas y orgullosas que era imposible vivir con ellas.

La hija menor se parecía al padre, pues era bondadosa y de buen carácter, y muy bella. Como la gente suele gustar de los que son semejantes, la madre era muy aficionada a su hija mayor, y sentía gran antipatía por la menor. La hacía comer en la cocina, y trabajando todo el tiempo.

Entre otras cosas, esta pobre niña debía ir dos veces por día a recoger un cubo de agua del manantial del bosque, a gran distancia de la casa.

Un día, cuando llegó al manantial, una pobre mujer se le acercó y le pidió un trago.

-¡Oh sí! De todo corazón, señora “dijo la bonita niña, recogió agua fresca, cristalina del manantial y sostuvo la jarra para que la mujer pudiera beber fácilmente.

Cuando terminó de beber, la mujer dijo:

-Eres muy bonita, querida, tan bondadosa y amable, que no puedo evitar darte un regalo.

Ahora bien, esta anciana era un hada que había cobrado la forma de una pobre campesina para ver cómo la trataba la niña.

-Este será mi regalo “continuó el hada-: con cada palabra que digas, una flor o una joya caerá de tu boca.

Cuando la niña llegó a la casa, su madre la reprendió por haberse demorado en el manantial.

-Perdón, mamá “dijo la pobre niña- por no apresurarme más. “Y, mientras hablaba, cayeron de su boca dos rosas, dos perlas y dos grandes diamantes.

-¿Qué veo aquí? “exclamó la sorprendida madre-. ¡Perlas y diamantes caen de la boca de esta niña! ¿Cómo es posible, hija mía? “Era la primera vez que la llamaba hija mía o le hablaba amablemente.

La pobre niña le confió a su madre todo lo que había sucedido en el manantial, y le habló de la promesa de la anciana, entretanto, le caían joyas y flores de la boca.

-Esto es delicioso “exclamó la madre-. Debo enviar a mi querida hija a la fuente. Ven, hija, mira lo que cae de la boca de tu hermana cuando habla. ¿No te agradaría, querida, que te dieran el mismo don? Sólo tienes que llevar el cubo al manantial del bosque. Cuando una pobre mujer te pida un sorbo, dáselo.

-Lo único que faltaba “replicó la niña egoísta-. ¡No iré a recoger agua! Esta mocosa puede darme sus joyas. Ella no las necesita.

-Sí que irás “dijo la madre-, e irás al instante.

Al fin la hija mayor accedió, gruñendo y rezongando sin cesar, y llevándose el mejor cubo de plata de la casa.

Acababa de llegar al manantial cuando vio a una bella dama que salía del bosque, quien se le acercó para pedirle un sorbo. Tengamos en cuenta que era la misma hada que había encontrado su hermana, pero que ahora había cobrado la forma de una princesa.

-No vine aquí para darte agua “dijo la orgullosa y egoísta doncella- ¿Te crees que traigo este cubo de plata para darte de beber? Puedes sacar agua del manantial, igual que yo.

-No eres muy cortés “dijo el hada-. Ya que eres tan ruda y grosera, te daré este don: con cada palabra que digas, saldrán sapos y culebras de tu boca.

En cuanto la madre vio venir a la hija mayor, exclamó:

-Querida niña, ¿viste a la buena hada?

-Sí, madre “respondió la niña orgullosa, y dos sapos y dos culebras le cayeron de la boca.

-¿Qué es lo que veo? “exclamó la madre-. ¿Qué has hecho?

La niña trató de responder, pero a cada palabra le salían sapos y culebras de los labios.

¡Cielo santo! Exclamó la madre; tu hermana tiene de esto la culpa y me la pagará.

Dicho esto, corrió detrás de la menor para golpearla, y la pobre joven escapó y se fue al bosque próximo donde se refugió. la encontró el hijo del rey que volvía de cazar, y al verla tan hermosa le preguntó qué hacía sola en tal sitio y por qué lloraba.

-¡Ah, señor, lloro por que mi madre me ha echado de casa!

El hijo del rey, que vio salir de su boca cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, le pregunto a qué se debía tal maravilla y la joven le conto su aventura de la fuente.

Se enamoro de ella el príncipe, y considerando que el don que poseía valía más que la dote que pudiese tener otra mujer, la llevo al palacio de su padre y se casó con ella.

En cuanto a la hermana mayor, tanto se hizo aborrecer que su madre la echó fuera; y después de haber andado mucho, la desgraciada sin encontrar quien quisiera recibirla, murió en un rincón del bosque.

Moralejas

Con diamantes y dinero
mucho se obtiene en verdad,


pero con dulces palabras
aún se obtiene mucho más.

La honradez, tarde o temprano
alcanza su recompensa,


y con frecuencia se logra
cuando en ella no se piensa.


lunes, 25 de octubre de 2010

ANTE LA LEY

DE FRANZ KAFKA

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

viernes, 22 de octubre de 2010

EN ESTE SUELO HABITAN LAS ESTRELLAS


De Elicura Chihuailaf N.
(Poeta Mapuche)


En este suelo habitan las estrellas

En este cielo canta el agua

de la imaginación

Más allá de las nubes que surgen

de estas aguas y estos suelos

nos sueñan los antepasados


Su espíritu -dicen- es la luna llena

El silencio su corazón que late.

TVFACI MAPU MEW MOGELEY WAGBEN

Tvfaci mapu mew mogeley wagvben

Tvfaci kajfv wenu mew vlkantuley

ta ko pu rakiduwam

Doy fvta ka mapu tañi mvlen ta komv

xipalu ko mew ka pvjv mew

pewmakeiñmu tayiñ pu fvcakece yem

Apon kvyeh fey tañi am -pigekey

Ni hegvmkvleci piwke fewvla ñvkvfvy.


De su libro, El invierno su imagen y otros poemas azules, 1991.