"En un lugar no muy lejano, sino cercano hay una Wawaqutu, que teje historias con palabras fértiles, con pulsiones suaves. Un remedio capaz de reparar y recuperar cualquier ilusión perdida. Prepárate para descubrir lo inesperado en tu corazón. Presta atención y escucha con el oído del alma… Había una vez...”
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miércoles, 19 de mayo de 2010

LA PESTAÑA DEL LOBO


Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada

Y tu vida jamás empezará


-No salga al bosque, no salgas- dijeron ellos.
-¿Por qué no?¿Por qué no tengo que salir al bosque esta noche?- preguntó ella.
-En el bosque habita un enorme lobo que se come a las personas como tú. No salgas al bosque, no salgas por lo que más quieras.

Pero, naturalmente, ella salió al bosque y, como era de esperar, se encontró con el Lobo, tal como le habían advertido.

-¿Lo ves? Ya te lo decíamos- graznaron.
-Eso es mi vida, no un cuento de hadas, zopencos- replicó ella-. Tengo que ir al bosque y encontrarme con el lobo; de lo contrario, mi vida jamás podrá empezar.

Pero el lobo que ella encontró había caído en una trampa, se había quedado la pata prendida en un cepo.

-¡Socorro, auxilio! ¡Ay, ay, ay!- gritaba el lobo-. ¡Socorro, ayúdame y te daré la justa recompensa!- añadió.

Porque eso es lo que hacen los lobos en los cuentos de esta clase.

-¿Y cómo se yo que no me vas a hacer daño?- preguntó ella, pues su misión era hacer preguntas. ¿Cómo se yo que no me matarás y me dejarás reducida a los puros huesos?
-Mala pregunta- dijo el lobo-. Tendrás que confiar en mi palabra.
Y el lobo reaunudó sus aullidos y lamentos.

¡Ay!¡Ay!¡Ay!
sólo hay una pregunta
que merece la pena hacer, hermosa doncella,
¿dóooooooonde está el almaaaaa?

-Oh, lobo, voy a correr el riesgo. ¡Vamos allá!
Abrió la trampa, el lobo sacó la pata y ella la envolvió con hierbas medicinales y plantas.
-Oh, gracias, dulce doncella, mil gracias- dijo el lobo, lanzando un suspiro.
Pero, como había leído demasiados cuentos que no debía, ella exclamó:
-Bueno, ahora ya puedes matarme, anda, terminemos de una vez.
Pero no fue eso lo que ocurrió. En su lugar, el lobo alargó la pata y se la apoyó en el brazo.
-Soy un lobo de otro tiempo y lugar- dijo. Y, arrancándose una pestaña del ojo, se la entrego diciendo-: úsala y procura ser sabia. De ahora en adelante sabrás quién es bueno y quién no lo es tanto. Mira a través de mi ojo y lo verás todo con claridad.

Por dejarme vivir,
te ofrezco vivir
como jamás en tu vida has vivido.
recuerda que sólo hay una pregunta
que merece la pena hacer, hermosa doncella,
¿dóoooonde está el almaaaaaa?

Y así la doncella regresó a la aldea,
alegrándose de estar viva.
Y esta vez cuando ellos le dijeron,
“Quédate aquí y cásate conmigo”,
o “Haz lo que te digo”,
o “Di lo que yo quiero que digas,
pero que todo quede tan en secreto
como el día en que viniste”
la doncella tomó la pestaña del lobo
miró a través de ella
y vio sus motivos
tal como jamás había visto.
Y la vez en que
el carnicero pesó la carne
ella miró a través de la pestaña del lobo
y vio que pesaba también su pulgar.
Y miró al pretendiente
que le decía “Soy el que te conviene”,
y vio que no le convenía para nada.
Y de esta manera y muchas más
se salvó, no de todas
pero sí de muchas desgracias.

Pero, además, con esta nueva visión, no sólo vio al asunto cruel sino que el corazón se le hizo inmensamente grande, pues miraba a las personas y las volvía a calibrar gracias al don que le había otorgado el lobo al que ella había salvado.

Y vio los que eran verdaderamente buenos
y se acercó a ellos,
encontró a su compañero
y permaneció a su lado, todos los días de su vida,
percibió a los valerosos
y se acercó a ellos,
captó a los fieles,
y se unió a ellos,
vio su perplejidad por debajo de la cólera
y se apresuró a disiparla,
vio amor en los ojos de los tímidos
y se inclinó hacia ellos,
vio sufrimiento en los callados
y cortejó su risa,
vio necesidad en el hombre sin palabras
y le habló,
vio fe en lo más hondo de la mujer
que afirmaba no tenerla
y se la volvió a encender con la suya.
Vio todas las cosas
con la pestaña del lobo,
todas las cosas verdaderas
y todas las cosas falsas,
todas las cosas que iban contra la vida
y todas la que iban a favor de la vida,
todas la cosas que sólo pueden verse
a través de los ojos de aquel
que pesa el corazón con el corazón,
y no sólo con la mente.

Así descubrió que era cierto lo que dicen, que el lobo es la más sabia de las criaturas. Si prestas atención, el lobo cuando aúlla hace siempre la pregunta más importante, no dónde está el alimento más próximo, la pelea más próxima o la danza más próxima,

sino la pregunta más importante
para ver dentro y detrás,
para sopesar el valor de todo lo que vive,
¿dóooooooonde estáaaaaaaa el almaaaa?
¿Dónde está el alma?
¿Dónde esté el alma?

Sal al bosque, sal enseguida. Si no sales al bosque,
jamás ocurrirá nada y tu vida no empezará jamás.
Sal al bosque,
sal enseguida.
Sal al bosque,
sal enseguida.

Selección de “La pestaña del lobo”, poema original en prosa de C.P. Estés, 1970, de Rowing Songs for the Night Sea Journey, Contemporary Chants.

jueves, 18 de marzo de 2010

LA LOBA




Para aquellos que escuchan con el oído del alma...



"Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocemos pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.

Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.

Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando hacia al sur hacia Monte Albán en un viejo cacharro con el cristal roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morelia, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se le conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.

La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.

Se arrastra, trepa, recorre las montañas y loCursivas arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene antes sus ojos la hermosa escultura blanca de la criaturaCursiva, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.

Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.

La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.


La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.

En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo del sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.

Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa... una cosa el alma.
Del libro: "Mujeres que corren con los Lobos" de Clarissa Pinkola Estés.