"En un lugar no muy lejano, sino cercano hay una Wawaqutu, que teje historias con palabras fértiles, con pulsiones suaves. Un remedio capaz de reparar y recuperar cualquier ilusión perdida. Prepárate para descubrir lo inesperado en tu corazón. Presta atención y escucha con el oído del alma… Había una vez...”
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miércoles, 12 de enero de 2011

LA LEYENDA DEL ESPANTAPÁJAROS

La leyenda del espantapájaros, un cuento en forma de fábula que tiene, según muchos, un efecto "rejuvenecedor impresionante"... así, como cuando éramos chicos y nos contaban una historia con moraleja y nos prendiamos de los héroes, creíamos, llorábamos, reíamos, sonreíamos junto a ellos. Por eso, hoy los invitamos a disfrutar de esta historia, a lo mejor se rejuvenecen, a lo mejor no tanto, pero saldrán con una nueva visión.
Buen provecho!

Ficha técnica:

Narrador: Sancho Gracia
Escritor y director: Marco Besas
Animación: Carlos Lascano
Música original: Fernando Cascales
Producer: Juan Manuel Díaz
Diseño de sonido: Antonio Garrido
Editor y efectos: Carlos Lascano
Animación 3D y Modelos: Fernando Cascales


sábado, 19 de junio de 2010

LIBRERIAS LA FAMILIA


Si con tu mami quieres salir, si un cuentito quieres comprar y a una Wawaqutu quieres escuchar, hoy en Librerías LA FAMILIA de Pharmax, es tu oportunidad de hacer una tarde especial, ven este sabado 19, a las 4:30 pm. que haremos una gran contada de cuentos con entrada gratuita!!!.

lunes, 31 de mayo de 2010

FESTIVAL DE LA BIODIVERSIDAD

El 2010 es el AÑO INTERNACIONAL DE LA BIODIVERSIDAD y para celebrar esto el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado SERNANP, Hoy 31 de mayo realizará el FESTIVAL de la BIODIVERSIDAD en el Auditorio Principal de la la Universidad Nacional Agraria, la Molina. Wawaqutu Cuenta Cuentos va participar y compartirá con los niños de diferentes colegios sus cuentos para la protección del medio ambiente, aquí les dejamos el afiche para ver si son parte de esta alegre y divertida experiencia.

sábado, 1 de mayo de 2010

AFROPALABRAAAAAA


Se viene el Afropalabra y Wawaqutu estará allí. No se pueden perder este evento que promete ponerte en ritmo, así que este miercoles 5 de mayo, alista todo para que llegues a las 7 de la noche a la casa de Flora Tristan y cojas tu asiento porque el que se queda, pierde.

Y lo mejor es que ¡¡¡GRATIS!!!

BARAKIKEÑO Y EL PAVO REAL
De Teresa Cárdenas

Agueni, el pavo real, era una criatura preciada: sólo en su amplio y desplegado plumaje podía preciarse el principio y el fin del universo. Olofi, el Creador de Todo lo que Vive y Muere, lo había construido con sus propias manos, amorosamente, dibujando cada porción de su cuerpo con extremo cuidado y delicadeza. Debido a tanto esmero, el pavo real había quedado realmente hermoso.
Todos admiraban la perfección de sus formas, y la intensidad y profusión de sus colores. Pero algunos no resistían que fuera el predilecto del Creador que, extasiado con su pájaro mágico, desatendía al resto de las criaturas.
Al pavo real, en cambio, nada le faltaba. En apariencia tenía lo que deseaba para ser feliz. Todos sus deseos eran hechos realidad en el acto.
En alguna ocasión, para probar a Olofi, le dijo:
- Babá, quiero pantanos en tu palacio.
El Creador era pulcro, meticuloso en sus costumbres. Las cosas a su alrededor debía permanecer en un orden equilibrado, perfecto. Sus ropas se mantenían escrupulosamente limpias y alisadas. Desde los cauris de su trono hasta las doscientas plumas de su corona, todo era inmaculado, casto, puro. Incluso el suelo de su palacio estaba cubierto por los vellones más albos y suaves del árbol del algodón. Sin embargo, atento al capricho de su Agueni, no dudo un instante en complacerlo.
De un gesto, hizo inundar con enormes cenagales la superficie tersa y transparente de su morada. Enjambres de moscones, mosquitos y otros insectos surcaron el aire zumbando furiosamente. El ambiente acrisolado, que parecía envolverlo todo, se ennegreció como la tierra pantanosa del fondo de las lagunas. Flores de color lúgubre esparcieron sus pestilencias por los aposentos del palacio. Todo era pútrido, inmundo, nauseabundo.
Halagado, Agueni sonrió: sólo con pedirlo, podía obtener lo que quisiera de Olofi.
Lo único que no se le concedía era la libertad. Debía permanecer encerrado en palacio, lejos del sol y los demás seres vivientes. Y jamás, ni siquiera en sueños, podía abrir sus prodigiosas plumas ante otro que no fuera el Creador. De hacerlo, le costaría la vida.
A menudo, Agueni le preguntaba:
- ¿Por qué no me liberas, Babá?
Pero Olofi nunca le respondía. No se le ocurría que su ave dorada saliera con las demás criaturas. Temía perderla para siempre.
Un día en que Olofi deseó conocer el futuro del Hombre, criatura a la que había diseñado poco tiempo atrás, llamó al pavo real para consultar su plumaje profético. Pero este no acudió. Confuso, lo buscó por los pasillos y aposentos. Al no encontrarlo, envió de urgencia un ejército de zunzunes para que exploraran el Reino de la Nubes. Otro de delfines para escudriñar el fondo de los mares. Y un tercero de reptiles y caracoles hacia los bosques y el mundo subterráneo.
Fue inútil. Los ejércitos regresaron días después, extenuados por el cansancio y sin noticias de Agueni.
Tristísimo, el Creador no atinaba cómo seguir adelante. En cuanto Olorun, el Sol, despuntaba en el horizonte, corría al aposento vacío de Agueni y permanecía allí, en silencio, esperando angustiado su regreso hasta que Irawo, la estrella más reluciente, traía de vuelta la noche. Sólo entonces, afiebrado y susurrante, Olofi regresaba dando tumbos a su alcoba, donde terribles pesadillas le impedían descansar como necesitaba.
A la mañana siguiente, todo volvía a repetirse. Y a la otra, y a la otra. Hasta que el Creador enfermó tan gravemente que no pudo levantarse de su lecho.
Fuera del palacio, la evolución de la Tierra se detuvo. Por doquier abundaban las cosas a medio hacer: a los árboles no les crecían las ramas ni flores; los frutos aún no tenían sabores ni formas definidos; de los ríos sólo eran visibles los lechos pedregosos y húmedos; las criaturas vivientes, sin extremidades ni sonrisas, parecían graves esperpentos al borde de los caminos.
La Creación sufría el abandono de su hacedor. Olofi, demacrado, y sin fuerzas para reaccionar, se estaba convirtiendo en el destructor de un universo que él había construido para glorificar la belleza de la vida.
Y ahora que no podía ver el futuro, ¿qué pasaría?- se preguntaban todos con inquietud-. ¿Terminaría de inventar las criaturas que habitaban sólo en sus sueños o sería el fin de la Creación?
Mientras el desconcierto y la intranquilidad dominaban la Tierra, el Creador seguía debilitándose en su palacio remoto, sin esperanza ni consuelo.
El rumor de la desaparición del ave mágica corrió rápidamente por los caminos y llegó a Barakikeño, el Cazador, en lo profundo de la floresta donde habitaba.
Barakikeño tenía cuerpo de anciano y rostro de niño. Se alimentaba de frutas y poseía un colorido garabato con el que apartaba las ramas cuando se internaba en la espesura.
Al enterarse de la desaparición de Agueni, el niño-anciano fue a ver al Creador. Pero como estaba sucio, desarreglado, con el pelo rizado lleno de ramas y polvo de los senderos, no lo dejaron pasar al palacio. Parecía un mendigo.
Entonces, Barakikeño hizo uso de sus poderes y, convertido en un ratón, logró traspasar las enormes puertas del castillo. Frente a la alcoba del Creador encontró una aglomeración de hechiceros, adivinos y agoreros. Pero estos, en vez de ocuparse en unir sus artes para curar la melancolía de Olofi, discutían y rivalizaban entre sí para hacer valer sus profecías y hechizos.
- ¡Haré un pavo real de agua y espuma! ¡Será mucho más hermoso que Agueni! – Decía el Hechicero de los Océanos agitando su iruke de conchas marinas.
- ¡No será tan bello como el mío! – replicaba el Adivino del Desierto -. ¡Salvaré a Olofi con cientos de pájaros de arena!
- ¿Qué dicen? – replicó el Agorero del fuego -. Sus pájaros no salvarán a Babá. En cambio yo, con mi habilidad haré un pavo real que tendrá el resplandor de un relámpago. Mi pájaro despertará finalmente a Olofi.
Y así, sin ponerse de acuerdo, todos se vanagloriaban de ser excelentes magos, mientras que en el interior del aposento, el Creador seguía agonizando.
Barakikeño, aún de ratón, recorrió el palacio en busca de alguna huella de Agueni. Pero ni en los rincones ni en los pasillos, ni en los numerosos jardines y pequeños lagos, ni en las fuentes de agua límpida y dulce, ni en las restantes habitaciones había nada.
Entonces, decidió entrar al aposento de Olofi. Era el único sitio que faltaba por revisar. Pero ¿cómo hacerlo? Tras las puertas, como estatuas vivientes, permanecían siete sirenas guerreras – siempre vigilantes- con los ojos de fuego y hielo que pulverizaban a quienes miraran. Y no sólo eso: alrededor de Olofi brillaba una aureola que lo cubría completo y lo hacía inaccesible.
Resuelto a ayudar al Creador a pesar del peligro, Barakikeño se mostró tal como era ante los magos y, para evitar que estos lo fulminaran con alguna de sus maldiciones, rayos o encantamientos, chifló tan fuerte que deshizo sus enigmáticos bastones. Los magos, temiendo se atacados por espíritus malignos, huyeron en desbandada.
El niño-anciano, seguro de sí, se dirigió al aposento de Olofi y empujando suavemente las puertas, logró que estas se abrieran de par en par.
De inmediato, blandiendo sus arcos y flechas, las sirenas guerreras agitaron con ferocidad sus colas en el aire. Pero el osado visitante no las miró y, girando vertiginosamente su garabato lleno de cascabeles y cintas de colores, avanzó en dirección al Creador.
- ¿Qué buscas, Barakikeño? ¿Por qué entras en mi aposento? – dijo Olofi, y las sirenas, de súbito, se volvieron a convertirse en estatuas.
- ¡Busco al pavo real! ¡Sólo tú puedes tenerlo!- le respondió decidido el Cazador.
- ¿Qué dices? ¿Acaso ignoras que mandé a buscarlo por toda la Creación? ¡Agueni era mi más preciada criatura!
- Lo sé. De tanto quererlo, le has impedido ser él mismo. Tu egoísmo ha maltrecho su deseo de volar, y pronto, si no lo liberas, se convertirá en la criatura más triste de tu reino- afirmó Barakikeño.
El Creador miró airado al niño-anciano.
- ¡Insolente! ¿Olvidas quién soy?
- Babá, sólo quiero ayudarte a encontrar a Agueni.
- ¿Y qué puedes hacer tú, que eres arrugado como un viejo y pequeño como un niño? ¿De qué manera conseguirás ayudarme cuando tienes tantas imperfecciones?
Entonces, apuntando con su garabato al Creador de Todo lo que Vive y Muere, Barakikeño exclamó con én-fasis:
- ¡Guali, ajuani Agueni, guali!
El tintineo de los cascabeles estremeció a Olofi de pies a cabeza, su aureola se deshizo. De súbito, el pavo real mágico emergió de su pecho como de una nube.
Ya en el suelo, Agueni, atontado, sacudió sus alas y abrió su cola esplendorosa.
Asombrado, el Creador tuvo que reconocer las virtudes de Barakikeño.
- Sin duda ¡eres la más sabia de mis criaturas! Has visto lo que ni siquiera yo pude descifrar. Desde ahora cuidaré las puertas de mi palacio y serás mi mensajero. Nadie podrá ofenderte ni desobedecerte, porque cuando hables serán mis palabras las que se escuchen. Vivirás en mi palacio o en el monte, donde desees. Y aunque haya otras criaturas más grandes y poderosas, tú serás el primero de todos. Tu astucia y valor se han ganado este privilegio. En cuanto a Agueni, ¡lo dejaré libre! Me has hecho comprender que las criaturas libres son siempre más hermosas que las que no pueden decidir su destino.
Fue así que el pavo real obtuvo su linaje y, aunque Olofi le hizo perder su condición mágica de predecir el futuro, lo elogiaron en todas partes como lo que era: el ave más hermosa de la Creación.
Por su parte, Barakikeño, el Cazador, permaneció durante muchos años protegiendo las puertas del palacio de Olofi hasta que un día decidió regresar al monte.
Dicen que sus cascabeles aún se oyen, sobre todo cuando alguien se siente atrapado o triste, pues sólo él, con su prodigioso garabato, consigue descubrir lo que hay oculto en el corazón de cada criatura.
Dibujo en Photoshop de Aixa

sábado, 24 de abril de 2010

CAJA DE LUZ - 2DO ANIVERSARIO






Como la Cajita esta de fiesta, las Wawaqutus lo celebramos como debe ser.. así que vamos a estar si o si pa´ contar lindas historias!!

Aquí les dejamos una en homenaje a nuestras amigas Caja de Luz!!


LA LUZ ES COMO EL AGUA

de Gabriel Garcia Marquez

-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.

-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.

En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.


El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.

martes, 13 de abril de 2010

WAWAQUTU EN PLAZA NORTE


Este domingo 18 de abril déjanos contarte un cuento. Reúne a toda tu familia y chapa tu combi, sube a tu carro, toma tu taxi, si eres pro ecología sube a tu bicla, trepa a tu skate, desempolva los patines transpórtate como quieras, pero llega a las 4 en punto de la tarde a PLAZA NORTE en la galería sur donde esta el ZETA bookstore y CAFETAL y encontrarás a las WAWAQUTU.

Ese día lo más increíble es que, aparte de escuchar maravillosos cuentos, ¡¡¡¡tendrás la oportunidad de comprar libros desde 9 SOLES y cualquier Café a 2 x 1!!!

¡¡¡TE ESPERAMOS!!!


Fotografía: CAJA DE LUZ

miércoles, 31 de marzo de 2010

POEMAS DE OTOÑO

Aqui les mandamos un link donde van a encontrar poemas infantiles sobre el otoño, algunos están en frances y otros en español...chequeenlo esta ¡¡¡buenisimooooo!!!

domingo, 28 de marzo de 2010

CANCIÓN DE CUNA

Autor: FEDERICO GARCÍA LORCA


Ya te vemos dormida.
Tu barca es de madera por la orilla.

Blanca princesa de nunca.
¡Duerme por la noche oscura!
Cuerpo y tierra de nieve.
Duerme por el alba, ¡duerme!

Ya te alejas dormida.
¡Tu barca es bruma, sueño, por la orilla!


jueves, 25 de marzo de 2010

WAWAQUTU CONTARÁ EN SED



SED… conéctate con el agua

SED es un proyecto artístico que promueve la cultura del agua: una reconexión con la naturaleza para preservar el agua en el mundo y vivir en un mundo de mayor armonía.

SED presentará una creación escénica (danza, hip-hop, movimiento, circo) y una instalación con dibujos, pinturas, cartas y esculturas en la semana del día mundial del agua, el 26 de marzo en el Anfiteatro del Parque de la Exposición a las 6:00 p.m.

200 participantes de 20 grupos* de Lima y el interior del país son los creadores de este único espectáculo donde la música ha sido compuesta a base de piedras y agua y los elementos escénicos están hechos del reciclaje.



LA LLORONA

Había una vez en un tiempo muy lejano o muy cercano, un rico hidalgo dueño de una majestuosa fábrica que se encontraba río abajo.

Este rico hidalgo cortejaba a todas las damicelas del pueblo, hasta que de pronto se enamoró de una pobre y hermosa mujer. Ella no le daba bola, pero después de tanta galantería:aceptó y se casaron.

Ella salió embarazada, pero algó falló. Un día en que tenía mucha SED y estaba en el río, bebió un poco de su agua. Le gustó tanto, que cada vez que estaba cerca al río, bebía. El problema surgió al dar a luz. Tuvo gemelos y ambos nacieron ciegos, con los dedos palmeados porque el hidalgo a espaldas de su mujer había envenenado el rio con los desechos de su fábrica.

El hidalgo le dijo a la Llorona que no la quería ni a ella, ni a sus hijos y se casó con una mujer muy rica, a la que le encantaban los productos de su fábrica. La Llorona, en un ataque de crisis, arrojó a los niños al río para que no tuvieran que sufrir las penalidades de la vida. Inmediatamente, cayó después muerta de pena.

El alma de la Llorona se fue al cielo, pero San Pedro le dijo que no podía entrar a menos que no regresase con las almas de sus hijos. Desde allí, la Llorona busca incesantemente a sus hijos en el río contaminado, pero apenas puede ver algo, pues el agua está muy sucia y oscura.

Ahora su espíritu recorre el fondo del río con sus largos dedos y ella, vaga por las orillas del río llamando sin parar a sus hijos.